Escribir
con la certeza de que vendrás
La primera idea
A todos nos han tejido la infancia con hilos de cuentos. Durante las comidas, en las tardes de lluvia, o al calor de la cocina, la voz de mi madre se convertía en un barco que nos llevaba lejos, a tiempos pasados, a aventuras que, sin darnos cuenta, se nos grababan en el alma. En mi casa, esos cuentos no eran de dragones ni princesas, sino de un lugar llamado La Habana, de un tiempo marcado por el estruendo de la guerra civil, del eco de la posguerra, del hambre que apretaba el estómago y del miedo que encogía el corazón. Y, sobre todo, de la vergüenza del perdedor, esa compañera silenciosa que se aferra a quienes la han sentido.
Era siempre mi madre quien contaba esas historias. Sus palabras fluían sin prisa, cargadas de detalles, de olores, de emociones. Cada frase venía acompañada de un suspiro, un aliento largo y profundo, como si con él quisiera atrapar de nuevo aquel tiempo que se le había escapado, aquella juventud que se desvaneció como por arte de magia, dejando tras de sí un pesar de buenos y malos recuerdos. Ella no solo contaba; revivía. Sus ojos se empañaban, a veces su voz se quebraba, y en cada pausa exhalaba el peso de lo vivido.
Mi padre, en cambio, era el guardián del silencio. Rara vez añadía una palabra. Se sentaba, escuchaba, y de vez en cuando, asentía con la cabeza, un gesto sutil que confirmaba algún recuerdo de mi madre que dudaba en su memoria. La mayor parte del tiempo, sin embargo, solo callaba. Su mutismo era tan denso que a veces parecía que aquellas historias no le pertenecían, como si hubiera estado en otro lugar, en otro tiempo, mientras todo aquello ocurría. Su silencio era un misterio, una puerta cerrada que, por más que uno quisiera, no se abría.
Quizá fue en ese contraste entre la melancolía de los suspiros de mi madre y el eco del silencio de mi padre donde la idea de esta novela comenzó a surgir. Esas historias, contadas y no contadas, vividas y silenciadas, se convirtieron en un torrente de preguntas sin respuesta, en un lienzo en blanco que pedía ser impreso, aunque solo fuera con sombras chinescas.
Sentí la necesidad de dar voz a lo que había quedado en el aire, de explorar el miedo y la vergüenza, de entender cómo un tiempo puede desentrañarse y dejar huellas tan profundas.
Así, de los cuentos de mi infancia y del profundo deseo de desvelar los secretos de un pasado familiar, nació la idea de esta historia que yo ahora, sin poder escapar de algunos silencios y suspiros, os voy a contar.
Las tramas
¿Cómo podía unir en la misma narración dos tiempos que no sabían nada el uno del otro, todas esas vidas que ya habían pasado cuando aún se sentían vidas?
Pasó más de un año hasta que logré ensamblar todas las subtramas para contar una sola historia.
Los personajes
Más allá de las páginas, y en muchas ocasiones antes de llegar a ellas, los personajes cobran vida. Son el doble alma de esta novela: los que vivieron, que inspiraron la historia narrada, y los que ahora viven en ella. Descubre sus secretos y sus destinos.
Los lugares y los sitios
No son solo escenarios, sino personajes que respiran. La Habana y la Valencia de la guerra civil no son solo el telón de fondo, sino el motor de la historia. Dos tiempos, la misma vida. Descubre su influencia.
Mi Moleskine
Antes de la primera palabra, la historia ya existe. En una vieja Moleskine, notas y retazos de vida fueron construyendo el andamio que sostendría la novela. Sin esas ideas, en su mayor parte desechadas, esta historia no sería la misma. Descubre el punto de partida.
Banda Sonora
Una canción puede contar una historia. Cada escena de esta novela tiene una banda sonora que la acompaña, un reflejo de su emoción. Sube el volumen y viaja con la música que define a sus personajes y momentos.
Las fuentes
Bajo cada frase late un mundo de datos y recuerdos. La historia que lees es la punta del iceberg de un largo proceso de documentación. Lo más difícil fue esconder la investigación para que solo el relato te acompañe.
Biblioteca
Las páginas de un libro pueden esconder otras historias. En esta novela, cada libro citado es una nueva ventana, un guiño al lector. Descubre cómo estas lecturas enriquecen y dan un nuevo sentido al relato.
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Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
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y acaso sin estar enamorada;
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y que en la carne te sobran bocas.Y yo: tan seria, tan formalita,
tan buena joven, tan señorita,
para ocultarte también mi sedte hablo de libros que no leemos,
de cosas tristes, del mar con remos;
te digo, usted...
Memoria de la fiebre, Carilda Oliver Labra, 1958
LITERATURA CONTEMPORÁNEA
José Luis Tomás
Por escrito
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Vendrá la muerte y tendrá tu rostro
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