José Luis Tomás                                                                            Por escrito

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 José Luis Tomás                                                                            Por escrito

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Vendrá la muerte y tendrá tu rostro

¿Por qué murió la pintora Sara Romero Vázquez? ¿Por qué vivió?

El periodista de sucesos Gonzalo Quesada tiene como afición elegir muertos desconocidos e investigar su vida para reescribirla tal y como ellos hubieran querido que fuera.

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Mi nombre sin nombre

¿Conocéis a Ossip Gregorovius? ¿Habéis oído hablar de sus innumerables madres? ¿Habéis escuchado alguna vez el canto de alguna sirena? ¿Habéis deambulado perdidos, o abandonados, por las noches de la Praga oscura? ¿Llegasteis a ver, quizá, el cuadro dónde se escondía aquel duende?, ¿y el cuadro dónde vivía ella?

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Las palabras perdidas

Las palabras perdidas es un conjunto de relatos que nos cuenta de muchas historias que parecen buscarse entre ellas para reconocerse como la misma historia. En estos relatos podemos meternos en un cine de Barcelona para ver cómo Juan Eduardo Cirlot, maestro de permutaciones y combinaciones, descubre lo absoluto en Bronwyn surgiendo de las aguas...

Cuentos para Sara y otras princesas

¿Dónde empieza la perversión y termina la ternura? ¿En qué lugar de los sueños se oculta el temor a que éstos sean algo más que sueños? Quince relatos en los que la realidad y la razón se difuminan llevando el terror y el amor a lo cotidiano.

Poemas para la mujer de negro

Aunque se presenta como poemario, en este libro se reconstruye una historia, desde su principio a su final, no necesariamente en este orden. La mujer de negro, el sujeto elíptico, el hombre del espejo, el eclipse de agosto de 1999, la Odisea, los cánticos de las sirenas, la Praga escondida de sí misma, el Golem... son las piezas de un puzzle que se visten de verso para contar su misterio...

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“Muerte no es nada, no cuenta. Solamente me he escabullido a la otra habitación. Nada ha pasado. Todo permanece exactamente como era. Yo soy yo, y tú eres tú, y la antigua vida que tan tiernamente vivimos juntos está intacta, inalterada. Lo que sea que fuimos para el otro, todavía lo somos. Llámame con el viejo y familiar nombre. Habla de mí en la fácil manera con que siempre solías hacerlo. No pongas diferencia en tu tono. No uses un aire forzado de solemnidad o de congoja. Ríe como siempre reíamos con las pequeñas bromas que disfrutábamos juntos. Juega, sonríe, piensa en mí, reza por mí. Deja que mi nombre sea más que nunca la palabra cotidiana que siempre fue. Deja que sea dicha sin esfuerzo, sin un fantasma de sombra sobre ella. Vida significa todo lo que siempre significó. Es lo mismo que siempre fue. Hay una absoluta y entera continuidad. ¿Qué es esta muerte más que un negligente accidente? ¿Por qué debería estar ausente porque estoy fuera de vista? Estoy solo esperando por ti, por un intervalo, en algún lugar muy cerca, solo a la vuelta alrededor de la esquina. Todo está bien»

Henry Scott Holland

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