José Luis Tomás                                                                            Por escrito

Vendrá la muerte y tendrá tu rostro

 

Al intentar reconstruir la vida de una pintora fallecida en extrañas circunstancias, el periodista Gonzalo Quesada se involucra en la búsqueda de un cuadro que esconde las claves de un mundo de corrupción en el que se entrecruzan los anhelos frustrados de diferentes personajes.

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Cuentos para Sara y otras princesas

¿Dónde empieza la perversión y termina la ternura? ¿En qué lugar de los sueños se oculta el temor a que éstos sean algo más que sueños? Quince relatos en los que la realidad y la razón se difuminan llevando el terror y el amor a lo cotidiano.

Entrepuertas y escaleras

Un conjunto de relatos que en un principio no parecen tener relación entre sí, pero que poco a poco van hilando una historia en la que los lugares y las ausencias imprimen sus huellas hasta mostrarse como personajes, perdidos y a la vez en permanente búsqueda de algo.

Poemas para la mujer de negro

Aunque se presenta como poemario, en este libro se reconstruye una historia, desde su principio a su final, no necesariamente en este orden. La mujer de negro, el sujeto elíptico, el hombre del espejo, el eclipse de agosto de 1999, la Odisea, los cánticos de las sirenas, la Praga escondida de sí misma, el Golem... son las piezas de un puzzle que se visten de verso para contar su misterio...

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Estos tres títulos no están a la venta en la actualidad. Próximante se publicarán con una nueva reedición

 

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“Muerte no es nada, no cuenta. Solamente me he escabullido a la otra habitación. Nada ha pasado. Todo permanece exactamente como era. Yo soy yo, y tú eres tú, y la antigua vida que tan tiernamente vivimos juntos está intacta, inalterada. Lo que sea que fuimos para el otro, todavía lo somos. Llámame con el viejo y familiar nombre. Habla de mí en la fácil manera con que siempre solías hacerlo. No pongas diferencia en tu tono. No uses un aire forzado de solemnidad o de congoja. Ríe como siempre reíamos con las pequeñas bromas que disfrutábamos juntos. Juega, sonríe, piensa en mí, reza por mí. Deja que mi nombre sea más que nunca la palabra cotidiana que siempre fue. Deja que sea dicha sin esfuerzo, sin un fantasma de sombra sobre ella. Vida significa todo lo que siempre significó. Es lo mismo que siempre fue. Hay una absoluta y entera continuidad. ¿Qué es esta muerte más que un negligente accidente? ¿Por qué debería estar ausente porque estoy fuera de vista? Estoy solo esperando por ti, por un intervalo, en algún lugar muy cerca, solo a la vuelta alrededor de la esquina. Todo está bien”

Henry Scott Holland

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