José Luis Tomás                                                                            Por escrito

Vendrá la muerte y tendrá tu rostro

Novela

“Solo se ama de verdad lo que se puede perder, aquello que te puede destruir”.

¿Por qué murió la pintora Sara Romero Vázquez? ¿Por qué vivió?

El periodista de sucesos Gonzalo Quesada tiene como afición elegir muertos desconocidos e investigar su vida para reescribirla tal y como ellos hubieran querido que fuera.

Al intentar reconstruir la vida de la pintora, fallecida en extrañas circunstancias, Gonzalo se involucra en la búsqueda de un cuadro que esconde las claves de un mundo de corrupción en el que se entrecruzan los intereses de distintas personas que convivieron con la pintora en el turbio ambiente que marcó su existencia.

Ayudado por su amigo, el subinspector Ramos, el periodista intentará desentrañar una compleja red de blanqueo de capitales y especulación urbanística, dirigida por el prestigioso empresario y mecenas holandés Ruus van Loos.

También hay una voz, y una ciudad donde todo confluye: Praga.

Una historia sin concesiones, donde el lector no podrá estar seguro de si lo que piensa se lo está susurrando alguien.

Tramas

Una historia comienza a escribirse mucho antes de agarrar el lápiz, mucho antes de pensarse historia. Al final, un día, todo parece que está escrito, pero, si empiezas a tirar del hilo, te das cuenta de que siempre hay muchas más cosas que se han quedado sin escribir.

Personajes

No hay ningún personaje que surja de la nada. Todos ellos son retazos de otras personas u otros personajes que en algún momento se han cruzado con tu historia. En este corta y pega tan parecido a los recortables de cuando éramos niños, ninguno de ellos surge por casualidad y mucho menos por inspiración.

Lugares

Si las historias no son casuales ni los personajes completamente inventados, los escenarios donde unos y otras quieren existir muchas veces son en sí mismos auténticos personajes y tramas. Ninguna historia, ni ningún personaje, existen fuera de su paisaje, porque desde la primera palabra, desde la primera idea de existir, son juntos y para siempre.

Banda Sonora

Las canciones de esta historia

Biblioteca

Los libros que aparecen en la novela

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Vendrá la muerte y tendrá tu rostro

¿Por qué murió la pintora Sara Romero Vázquez? ¿Por qué vivió?

El periodista de sucesos Gonzalo Quesada tiene como afición elegir muertos desconocidos e investigar su vida para reescribirla tal y como ellos hubieran querido que fuera.

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Mi nombre sin nombre

¿Conocéis a Ossip Gregorovius? ¿Habéis oído hablar de sus innumerables madres? ¿Habéis escuchado alguna vez el canto de alguna sirena? ¿Habéis deambulado perdidos, o abandonados, por las noches de la Praga oscura? ¿Llegasteis a ver, quizá, el cuadro dónde se escondía aquel duende?, ¿y el cuadro dónde vivía ella?

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Las palabras perdidas

Las palabras perdidas es un conjunto de relatos que nos cuenta de muchas historias que parecen buscarse entre ellas para reconocerse como la misma historia. En estos relatos podemos meternos en un cine de Barcelona para ver cómo Juan Eduardo Cirlot, maestro de permutaciones y combinaciones, descubre lo absoluto en Bronwyn surgiendo de las aguas…

Cuentos para Sara y otras princesas

¿Dónde empieza la perversión y termina la ternura? ¿En qué lugar de los sueños se oculta el temor a que éstos sean algo más que sueños? Quince relatos en los que la realidad y la razón se difuminan llevando el terror y el amor a lo cotidiano.

Poemas para la mujer de negro

Aunque se presenta como poemario, en este libro se reconstruye una historia, desde su principio a su final, no necesariamente en este orden. La mujer de negro, el sujeto elíptico, el hombre del espejo, el eclipse de agosto de 1999, la Odisea, los cánticos de las sirenas, la Praga escondida de sí misma, el Golem… son las piezas de un puzzle que se visten de verso para contar su misterio…

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“Anoche el perro hablaba de ti.
El pájaro hablaba de ti en el profundo pantano.
Decía que tú eres el ave solitaria a través del bosque y que probablemente sigas sin pareja hasta que me encuentres.
Que me diste tu palabra y me mentiste y que estarías junto a mí cuando se reunieran los rebaños.
Te llamé con un silbido y trescientos gritos, pero allí no había más que un corderillo balando.
Me prometiste algo difícil de conseguir: un barco de oro bajo un mástil de plata, doce ciudades, cada una de ellas con un mercado y un bello patio blanco al lado del mar.
Me prometiste algo que no es posible: que me regalarías unos guantes de piel de pescado, que me regalarías unos zapatos de piel de pájaro y un vestido de la mejor seda de Irlanda.
Mi madre me dijo que no hablara contigo, ni hoy, ni mañana, ni el domingo, pero eligió un mal momento para decírmelo: fue como cerrar la puerta cuando ya habían robado la casa.

Tú me has dejado sin este. Tú me has dejado sin oeste. Me has dejado sin lo que que había ante mí y sin lo que había detrás de mí.
Tú me has quitado la luna, tú me has quitado el sol también, y mi terror es inmenso: tú, incluso, me has arrebatado a Dios”

Balada de Dublineses, Jonh Ford, 1987

(basada en el cuento Los muertos, de James Joyce, en Dublineses)

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