José Luis Tomás                                                                            Por escrito

 

Poemas para la mujer de negro

 

POEMAS DE UN ECLIPSE DEL FIN DEL MUNDO I

 

Un hombre golpea con su cinturón a una mujer* encerrada en una habitación con una sola ventana enrejada a las 11,25 horas del día 11 de agosto de 1999 a una latitud de 37º 53′ Norte y una longitud de 4º 46′ Oeste.

 

* Cada lector deberá imaginar según su gusto particular si la mujer está desnuda o no, aquellas partes del cuerpo que enrojecerán hasta ennegrecer como resultado del cuero y todos aquellos demás detalles que darán los infinitos verdaderos sentidos que cualquier acto o texto puedan tener.

 

La raya que cubre mi frente es como la sombra de tu luna,

Me tapa el cielo, me da la noche,

Me hace la vida como a puntillas de verte venir,

De soñarte soñar a medias entre preguntas

Y suspiros también a manchas, también callados y esperando

gemidos y gritos tras los rincones donde las telas de araña restallan

las pieles, los cráteres, las lágrimas

y el llanto

de la tranquilidad

del abandono

de la calma del ruido

de la sombra blanca que te envuelve

en una sábana

en un sudario de luna quieta televisada

desde Reims, desde la luna

la luna mira,

guiña un ojo con su catalejo de Melliés

sonríe o moquea, ¿qué más da?

si desde mi ventana solo hay rejas

si tras su cinturón solo hay violencia

si tras su pasión solo hay pasión

y nadie dice nada.

 

 

Vendrá la muerte y tendrá tu rostro

 

Al intentar reconstruir la vida de una pintora fallecida en extrañas circunstancias, el periodista Gonzalo Quesada se involucra en la búsqueda de un cuadro que esconde las claves de un mundo de corrupción en el que se entrecruzan los anhelos frustrados de diferentes personajes.

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Gregorovius, Ossip.

Apátrida.

Luna llena (lado opuesto, invisible en ese entonces presputnik): ¿cráteres, mares, cenizas?

Tiende a vestir de negro, de gris, de pardo. Nunca se lo ha visto con un traje completo. Hay quienes afirman que tiene tres pero que combina invariablemente el saco de uno con el pantalón de otro. No sería difícil verificar esto.

Edad: dice tener cuarenta y ocho años.

Profesión: intelectual. Tía abuela envía módica pensión.

Carte de séjour AC 3456923 (por seis meses, renovable. Ya ha sido renovada nueve veces, cada vez con mayor dificultad).

País de origen: nacido en Borzok (partida de nacimiento probablemente falsa, según declaración de Gregorovius a la policía de París. Las razones de su presunción constan en el prontuario).

 

País de origen: en el año de su nacimiento, Borzok formaba parte del imperio austrohúngaro. Origen magyar evidente. A él le gusta insinuar que es checo.

País de origen: probablemente Gran Bretaña. Gregorovius habría nacido en Glasgow, de padre marino y madre terrícola, resultado de una escala forzosa, un arrumaje precario, stout ale y complacencias xenofílicas excesivas por parte de Miss Marjorie Babington, 22 Stewart Street.

A Gregorovius le agrada establecer una picaresca prenatal y difama a sus madres (tiene tres, según la borrachera) atribuyéndoles costumbres licenciosas. La Herzogin Magda Razenswill, que aparece con el whisky o el coñac, era una lesbiana autora de un tratado seudocientífico sobre la carezza (traducción a cuatro idiomas). Miss Babington, que se ectoplasmiza con el gin, acabó de puta en Malta. La tercera madre es un constante problema para Etienne, Ronald y Oliveira, testigos de su esfumada aparición vía Beaujolais, Côtes du Rhône o Bourgogne Aligoté. Según los casos se llama Galle, Adgalle o Minti, vive libremente en Herzegovina o Nápoles, viaja a Estados Unidos con una compañía de vaudeville, es la primera mujer que fuma en España, vende violetas a la salida de la Opera de Viena, inventa métodos anticonceptivos, muere de tifus, está viva pero ciega en Huerta, desaparece junto con el chofer del Zar en Tsarskoie-Selo, extorsiona a su hijo en los años bisiestos, cultiva la hidroterapia, tiene relaciones sospechosas con un cura de Pontoise, ha muerto, al nacer Gregorovius, que además sería hijo de Santos Dumont. De manera inexplicable los testigos han notado que estas sucesivas (o simultáneas) versiones de la tercera madre van siempre acompañadas de referencias a Gurdiaeff, a quien Gregorovius admira y detesta pendularmente.

Javier Casado, en el blog Impresiones… las justas

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